DIABETES JUVENIL: ACTUAR PARA NO LAMENTAR
Karina Galarza Vásquez
Para que el organismo transforme el azúcar de los alimentos en energía requiere de la acción de la insulina. Sin embargo, quienes padecen diabetes tipo 1 no generan dicha sustancia, por lo que la glucosa se acumula en la sangre y daña vasos sanguíneos, nervios y órganos.
En la actualidad hay evidencias de que la mala calidad del tratamiento
para la diabetes tipo 1 durante la etapa de la preadolescencia influye de manera
importante en el desarrollo de enfermedades en el hígado y ceguera después
de la pubertad; por ello, cuando un pequeño es diagnosticado con dicha
afección resulta indispensable que reciba atención temprana, la
cual deberá seguirse lo más estrictamente posible. Asimismo, en
estos casos será conveniente que el especialista médico (endocrinólogo)
proporcione al paciente toda la información sobre su padecimiento, complicaciones
y cuidados, para tal efecto también puede remitirlo junto con sus familiares
a talleres y cursos dirigidos a los afectados para que adquieran autonomía
en el control de su enfermedad.
Anteriormente conocida como diabetes juvenil o infantil debido
a que suele presentarse en niños, adolescentes y adultos menores de 30
años, la diabetes tipo 1 es un trastorno cuya característica principal
es la incapacidad de producir insulina debido a la destrucción de las
células del páncreas que se encargan de generarla. Lo anterior
ocasiona que el organismo sea incapaz de utilizar el azúcar, situación
que origina la aparición de los siguientes síntomas:
- Sed excesiva.
- Micciones (eliminación de orina) frecuentes.
- Evidente pérdida de peso.
- Fatiga y debilidad.
- Aumento del apetito.
- Irritabilidad.
- Náuseas y vómito.
Es importante saber que la diabetes tipo 1 suele presentarse
cuando se tienen antecedentes familiares del padecimiento, lo que aunado a infecciones
por virus, acumulación de toxinas y estrés puede desencadenar
equivocada respuesta inmunológica, la cual "da la orden" de
destruir las células productoras de insulina.
¿Por qué aparecen
los síntomas?
Los alimentos que consumimos son digeridos en el estómago, y
cuando pasan al intestino se transforman en glucosa, aminoácidos (fragmentos
de proteínas) y grasas; una vez que el azúcar ingresa al torrente
sanguíneo se convierte en la principal fuente de energía de la
mayoría de las células. Para que esto último pueda lograrse
es necesaria la acción de la insulina (producida por las denominadas
células beta del páncreas).
Si se tiene deficiencia de dicha hormona, la glucosa es incapaz
de entrar en las células y permanece en la sangre, lo que a su vez ocasiona
que el organismo no adquiera la energía necesaria para funcionar correctamente,
por ello, se siente cansancio, desproporcionada sensación de hambre,
irritabilidad, náuseas y vómito. Por otra parte, el azúcar
contenida en el fluido vital supera la capacidad del riñón para
retenerla y se empieza a excretar por la orina, proceso que se acompaña
de micciones abundantes y frecuentes, sed excesiva y pérdida de peso.
Ante todo control
El cuidado de niños y adolescentes con diabetes tipo 1 representa
exigente labor para padres y profesionales de la salud implicados en el tratamiento
(endocrinólogo, pediatra y/o médico internista), ya que el control
de la enfermedad en dicha población suele toparse con algunos obstáculos,
pues se tiene la dificultad de supervisar la ingesta de carbohidratos y la administración
de la insulina.
Al respecto, hay que tomar en cuenta que dependiendo de la edad
en la que se presente la diabetes, los chicos experimentarán diversas
emociones, por ejemplo, los más pequeños suelen aceptar la enfermedad
y limitaciones que impone, aunque rápidamente manifiestan rechazo e indisciplina
(sobre todo en las comidas), en tanto que los mayores y adolescentes se tornan
rebeldes, llegan a simular que les baja el azúcar para poder comer dulces
o pueden dejar de aplicarse la insulina.
De allí la importancia que tiene la actitud del endocrinólogo
pediatra, especialista responsable de informar al paciente y a sus familiares
de los riesgos sobre posibles complicaciones en el sistema circulatorio (que
pueden dar lugar a la amputación de pies o piernas, principalmente) a
largo plazo, y la amenaza de hipoglucemia como complicación inmediata.
Ahora bien, hay que considerar que padecer diabetes representa
para niños y adolescentes la realización de labores adicionales,
pues deben administrarse insulina, medirse la glucosa y seguir ciertas recomendaciones
en la alimentación y al momento de practicar actividad física.
No obstante, debe quedar claro que esto no tiene por qué interferir en
las actividades que tenían antes de que se presentara la enfermedad.
Por tal motivo, es necesario insistir en los siguientes puntos:
- Ser estricto con las indicaciones del médico.
- Seguir dieta equilibrada.
- Respetar horarios de comidas.
- Actuar inmediatamente cuando se sospeche de hipoglucemia
(sus síntomas incluyen debilidad, dolor de cabeza, hambre, alteraciones
visuales, ansiedad, confusión, temblor y náuseas), por ejemplo,
se deberá ingerir alguna bebida azucarada.
- Practicar ejercicio.
- Mantener al paciente en su peso ideal.
Como puede ver, la diabetes tipo 1 en niños y adolescentes
es una enfermedad crónica que, aunque no es curable, puede controlarse;
lo importante es proporcionarle educación a los pacientes para evitar
que descuiden el tratamiento y tengan complicaciones que disminuyan su calidad
de vida.