¿CUMPLE 10 AÑOS CON DIABETES?, OJO CON LA RETINOPATÍA
Fernando González G.
Uno más de los padecimientos asociados a diabetes es
la retinopatía diabética, daño progresivo en la retina
del ojo que puede llegar a producir ceguera si no se toman las previsiones necesarias.
Más del 50% de enfermos enfrentarán algún grado de daño
ocular cuando cumplan 10 años de haber sido diagnosticadas con diabetes.
La diabetes es un trastorno que origina múltiples repercusiones
en la salud de una persona, y casi todos ellos se pueden evitar si se sigue
al pie de la letra el tratamiento dictado por el especialista, el cual se basa
fundamentalmente en cambio de hábitos alimenticios, ingesta de medicamentos
que reduzcan la glucosa contenida en sangre y un plan regular de ejercicio.
Sin embargo, a pesar de que pudiera parecer sencillo cumplir
con las reglas, es común que hayan pacientes diagnosticados con diabetes
que sufran insuficiencia renal, la amputación de uno de sus miembros
inferiores, infarto o angina de pecho (predisposición a paro cardiaco).
En este contexto, los ojos también son susceptibles a
sufrir alguna lesión, y para conocer mejor los riesgos conviene saber
que la retina es un tejido que recubre casi por completo el interior del globo
ocular; esta formada por una capa de células fotorreceptoras (que reciben
la luz) denominadas conos y bastones. Los primeros se concentran en la mácula
(área central de la retina que normalmente coincide con el eje visual),
funcionan a altas intensidades de luz y son responsables de la diferenciación
de los colores y la agudeza visual; por su parte, los bastones se encuentran
repartidos en toda la retina (se concentran mayoritariamente alrededor de la
mácula) y son fundamentales para la visión nocturna y periférica
(hacia los lados).
Así, la luz llega a conos y bastones y, mediante el proceso
conocido como fototransducción visual se transforman en impulsos eléctricos
que se transmiten al cerebro mediante el nervio óptico, convirtiéndose
de esta manera en imágenes.
Ojo con el azúcar
La diabetes ocasiona la aparición de problemas oculares debido
a que los altos índices de glucosa en sangre engrosan las paredes de
los vasos sanguíneos del ojo y, al mismo tiempo, las debilitan; en consecuencia,
las tornan más propensas a la deformación y a las fugas de sangre.
Este ataque a los nervios del globo ocular produce microinfartos retinianos
(muerte de tejido por falta de oxigenación) y hemorragias, que si no
se tratan a tiempo pueden ser el origen de desprendimiento de retina y, en casos
extremos, ceguera.
Tenga en cuenta que la aparición de esta disfunción
y la pérdida de la visión se relaciona directamente con el tiempo
que el paciente tenga padeciendo diabetes (la retinopatía se desarrolla,
generalmente, 10 años después del inicio de ésta) y del
control que se tenga sobre las concentraciones de glucosa en sangre.
El Dr. Francisco Martínez Castro, médico cirujano
egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México y oftalmólogo
certificado por el Consejo Mexicano de Oftalmología, comenta en exclusiva
para saludymedicinas.com.mx que del universo de las personas
diagnosticadas con diabetes más del 50% tendrán problemas de retinopatía.
"La clave para que esto no suceda es modificar sus hábitos,
porque el paciente sigue pensando que lo que le ocurre es una enfermedad del
ojo, cuando en realidad debe cuidar su peso, seguir un buen programa nutricional
y de ejercicio para lograr que su glucosa se mantenga debajo de 126 mg de manera
uniforme.
"En los últimos 10 años de investigaciones
se ha demostrado que seguir estas recomendaciones ofrece resultados categóricos,
pues no aumentan las complicaciones, la enfermedad no avanza y, por supuesto,
se evita que haya daño a otras partes del cuerpo", apunta el especialista.
El Dr. Martínez Castro, quien también es director
ejecutivo de la Asociación Mexicana de Oftalmología, explica que
la diabetes es una enfermedad que se manifiesta en el globo ocular porque es
una estructura en donde hay gran cantidad de vasos sanguíneos. Por ello,
dice el oftalmólogo, "es necesario que se tome conciencia que este
padecimiento requiere un manejo integral; en el caso del ojo, mientras más
rápido se detecten problemas en la retina se podrá preservar mejor
la calidad de circulación sanguínea, pero hay que dejar claro
que si existe alguna lesión visual es obvio que también esté
dañada la circulación de todo el cuerpo, por lo que insisto en
que urge cambiar conductas y actitudes al respecto".
Dos tipos
Cualquiera de las dos formas de retinopatía que se describen
a continuación puede presentarse tanto en las personas insulinodependientes
(diabetes 1), como en aquellas que sólo reciben tratamiento oral (diabetes
2).
En primer lugar se encuentra la retinopatía no proliferativa,
también llamada de fondo, que se considera fase inicial de la enfermedad;
en esta etapa, los pequeños vasos sanguíneos que se localizan
dentro de la retina sufren daños y presentan fugas de sangre, lo que
motiva que haya inflamación y se formen depósitos conocidos como
exudados.
En ocasiones, el líquido "exudativo" se deposita
en la mácula lútea, parte de la retina que posibilita que seamos
capaces de ver detalles minúsculos, como letras y números, dando
origen a un problema denominado edema macular, el cual hace que la lectura o
el desempeño de labores detalladas puedan tornarse difíciles.
Por su parte, en la retinopatía proliferativa el daño
a la retina estimula el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos (cuyas
paredes son más débiles) que crecen en forma anormal, dando lugar
a un proceso de cicatrización y, en ocasiones, al desprendimiento de
la retina. Esta disfunción es la que afecta con más frecuencia
a los enfermos de diabetes, y ocasiona pérdida severa de la visión,
e incluso, ceguera.
Señales, diagnóstico
y más
Es interesante saber que generalmente no hay síntomas que denoten
la presencia de la enfermedad, aunque en ocasiones la vista puede tornarse borrosa
y haber cambios frecuentes en la graduación de anteojos; asimismo, es
posible que haya pérdida visual súbita. Todo ello, por supuesto,
cuando los niveles de glucosa estén fuera del rango deseable (menos de
126 miligramos por decilitro de sangre).
Para evitar cualquier complicación, un enfermo de diabetes
debe seguir el plan establecido por su médico, el cual incluye dieta,
ejercicio e ingesta de medicamentos, además de controlar su presión
arterial y niveles de colesterol y triglicéridos. No obstante, se recomienda
que este tipo de pacientes se sometan a exámenes visuales, con un oftalmólogo,
no con un optometrista, anualmente a partir del quinto año de haberles
sido diagnosticada la diabetes.
Para detectar la alteración ocular el oftalmólogo
examina el interior del ojo usando un instrumento llamado oftalmoscopio; en
ocasiones, es necesario que las pupilas sean dilatadas (agrandadas) por medio
de gotas específicas.
Si el oftalmólogo comprueba la presencia de retinopatía
diabética, puede tomar fotografías a color de la retina o recurrir
a una prueba especial, llamada angiografía con fluoresceína, que
consiste en inyectar un colorante fluorescente en el brazo del paciente y, después,
tomar una serie de fotografías especiales de los ojos; todo ello, para
determinar el grado de la enfermedad y el tipo de tratamiento a seguir.
El Dr. Martínez Castro, quien ha sido representante de
la Sociedad Mexicana de Oftalmología ante la Organización Mundial
de la Salud, considera que no basta que un enfermo de diabetes esté bien
controlado para descartar que pueda desarrollar alguna forma de retinopatía:
"De cualquier manera debe acudir al oftalmólogo porque es una padecimiento
silencioso y no tenemos los elementos para predecir en qué momento un
vaso va a empezar a enfermarse. Acudir al médico en forma temprana es
la mejor manera de evitar el riesgo de perder la vista.
"Hay personas que esperan a que las cosas pasen por sí
solas, sin entender que una actitud pasiva sólo incrementa su incapacidad
visual y retarda el tiempo de incorporarse a la vida productiva. Con lo que
ahora se sabe de la diabetes no hay excusa para que un paciente diagnosticado
tenga miedo a la enfermedad, al contrario, debe afrontarla y saber que hay muchos
apoyos disponibles. Tenemos diversos ejemplos de individuos que se comprometieron
con su enfermedad hace 20 ó 30 años y hoy es gente productiva,
que trabaja y vive como cualquier otra persona".
Defendiendo la visión
Si la enfermedad se instala en el ojo, se puede hacer uso de varios
métodos para detener el avance del mal, o bien, para mejorar la calidad
de la vista.
En primer lugar se puede mencionar la fotocoagulación,
procedimiento que consiste en la aplicación de rayo láser sobre
la retina para destruir los vasos sanguíneos nuevos (que, como recordaremos,
son anormales) y sellar los que tengan fugas de sangre.
En algunos casos no se puede utilizar la cirugía láser
debido a que el humor vitreo (líquido transparente y viscoso que se adhiere
a la retina) se encuentra contaminado con sangre; en dicha situación,
el oftalmólogo podrá optar por la técnica crioterapia (congelación)
que puede ayudar a reducir los vasos sanguíneos anormales.
Finalmente, si la hemorragia en los vasos dañados es
considerable, característica común en la retinopatía proliferativa
avanzada, se podrá pensar en el método vitrectomía, que
consiste en una microcirugía en la que el especialista extrae el humor
vitreo que contiene sangre y lo sustituye con una solución transparente.
Una vez más, como siempre que se habla de diabetes, se
hace obligatorio recordar que este mal se ha extendido en los últimos
tiempos debido, principalmente, a la falta de compromiso del paciente con su
enfermedad, lo que origina una serie de repercusiones que disminuyen en gran
medida su calidad de vida.